INTERLENGUA
Según el autor Larry Selinker
(1972), la Interlengua (IL) hace referencia a los estados intermedios del
lenguaje de un aprendiz mientras evoluciona hasta convertirse en L2 (segunda
lengua). Sin embargo, algunos consideran a la Interlengua como un tercer idioma
que difiere de las L1 y L2.
Las características
principales de la IL son: es sistemática, dinámica, variable y un sistema
reducido tanto en forma como en función. Es sistemática porque en cualquier
punto o estado del desarrollo de la L2, la Interlengua se rige por reglas que
constituyen la gramática interna del/de la alumno/a (esas reglas se descubren
analizando lo que produce e interpreta correctamente, así como sus errores);
dinámica porque este sistema de reglas que tiene en sus mentes cambia con
frecuencia; la Interlengua es variable – aunque también sistemática como he mencionado anteriormente – ya que las
diferencias en el contexto dan como resultado diferentes patrones de uso del
lenguaje; y, además, es un sistema reducido tanto en forma como en función ya
que hay menos estructuras gramaticales complejas.
Por otra parte, Selinker
apunta que existen diferencias entre el desarrollo de la Interlengua en la
adquisición de una segunda lengua y la adquisición de una primera lengua por
los/as niños/as debido a diferencias procesos cognitivos como que el lenguaje
se transfiere de la primera lengua (L1) a la L2 o la sobre generalización en la
que las reglas de la L2 que se aprenden se aplican de manera demasiado amplia. Además,
a diferencia de la adquisición de una L1, hay una gran probabilidad de
fosilización por la probabilidad de que el alumnado cese su desarrollo en
algunos aspectos a pesar de la entrada continua de la L2 y el paso del tiempo. Con
respecto a la fosilización, esta no solo se relaciona con la edad de
aprendizaje – los/las estudiantes mayores tienen más probabilidades de fosilizarse –
sino también con factores de identidad social y necesidad comunicativa.
El principio y el final de la IL están definidos,
respectivamente, cada vez que un/a alumno/a intenta por primera vez transmitir significado
en la L2 y cada vez que el desarrollo se detiene “permanentemente”, es decir,
cuando ocurre la fosilización. La identificación de la fosilización es muy
controvertida. Por ejemplo, ¿las personas deberían estar consideradas como “fosilizadas”
en el desarrollo de la L2 porque todavía conservan un acento extranjero? Muchos
hablantes no nativos hablan y escriben fluidamente en una lengua extranjera – a
veces incluso más fluidamente que un hablante nativo. “Sonar como un/a nativo/a”
puede ser malinterpretado por los/as propios/as hablantes nativos/as, ya que
implican que ese “sonido” es el “verdadero” conocimiento social y cultural
nativo correspondiente. Sin embargo, la producción oral “nativa” no es
intencionada ni deseada por muchos/as hablantes, por lo que no podemos tomar
eso como el objetivo final de todos y todas los estudiantes. El uso del inglés
en diferentes partes del mundo – como lengua auxiliar o, incluso, oficial –
puede diferir de cualquier variedad “nativa” en Inglaterra o los Estados
Unidos.
Pero… ¿qué queremos decir
con “como un/a nativo/a”? La necesidad de apegarse a una sola variedad del
inglés, la idea de que la normal dentro de la adquisición de una L2 debería ser
como la adquisición de la L1 en el monolingüismo. Sin embargo, no debemos
olvidar que incluso los hablantes nativos cometen errores y, por lo tanto, los
errores de los /as no nativos/as no deberían ser considerados como “peores”. Dentro de este contexto
es importante destacar que un/a nativo/a – monolingüe – de una lengua lo es de
nacimiento, ha crecido rodeado/a de esa lengua y no hay rastros detectables de
otros idiomas; pero un no nativo/a es bilingüe por experiencia. Por lo tanto,
¿continúas hablando tu L1 como un/a nativo/a monolingüe desde que conoces otras
lenguas? En mi caso, tengo claro que no. Soy consciente de que he incorporado
aspectos gramaticales del inglés al español: he reducido el uso de las dobles negativas,
o el uso frecuente del sujeto “yo” en frases tipo: “yo creo que no deberíamos
hacer eso” en vez de “creo que no deberíamos hacer eso”.
Muchas investigaciones consideran
que si el hablante de una L2 no suena “como un/a nativo/a”, esa persona no es
completamente competente en la L2. Sin embargo, los/as bilingües no deberían
sonar así, sino como bilingües efectivos/as: deben tener fluidez por encima de
la pronunciación “nativa”. El acento es el aspecto menos importante dentro de
la competencia y maestría de una L2 y no se debe considerar como un fracaso que
un estudiante de L2 no consiga adquirir un acento “nativo”. En los exámenes de
acreditación, habilidades como la precisión o lo realizado “apropiadamente” son
criterios de evaluación, pero no se tiene en consideración sonar “como un/a
nativo/a”. La pronunciación solo necesita ser lo suficientemente adecuada para
evitar malos entendidos.
Finalmente, me gustaría hacer especial mención a
un aspecto muy importante para nuestro futuro como profesores y profesoras de
lenguas extranjeras. Los/as profesores/as no nativos/as son hablantes de una L2
y la han adquirido de manera diferente a los/as nativos/as; por lo tanto, los/as
profesores/as no nativos/as sirven como modelo a seguir para el alumnado. Antes
de ser profesores/as de una L2, hemos sido estudiantes y conocemos las
estrategias necesarias para adquirir esa L2, mientras que una persona nativa ha
adquirido su L1 dentro de un contexto completamente diferente.
Referencia:
Selinker, L. (1972). «Interlanguage». En IRAL, X (2), pp. 209-231